Cuando una se convierte en una profesional “transversal” es estupendo y maravilloso. Si bien no eres una gran especialista de nada, eres muy consciente de tus habilidades y de tu capacidad para sacar proyectos adelante en los ambientes más variados (por no decir extraños).

Cuando una se convierte en una profesional “transversal” tiene la oportunidad de trabajar con gente muy, pero muy variada (en lo cultural, en lo profesional, y en todo lo que un equipo pueda ser variado). Tus interlocutores proceden de ámbitos muy diferentes, tienen ideas, ideologías e idearios en demasiadas ocasiones opuestos, y en no pocos casos cuentan con históricos personales y profesionales que tú desconoces (recordemos que no eres experta en el tema así que no conoces a todas las figuras del sector) pero que hacen de lastre para cada una de las propuestas que traes a la mesa.

Cuando una se convierte en una profesional “transversal”, se transforma en alguien que trabaja en proyectos de salud pública donde no hay ningún profesional sanitario, que debe trabajar con datos y resultados bioquímicos en un mundo de antropólogos, que debe discutir con la administración pública usando las herramientas de una ong de pequeño tamaño (aunque de grandes resultados), alguien que debe usar en medio de la selva lo que aprendió trabajando con las grandes compañías farmacéuticas…

Cuando algo así ocurre, el sentimiento de soledad está asegurado. No una soledad normal. Tienes equipo del que aprender mil cosas, tienes compañeros de batalla, tienes objetivos y motivación… pero no tienes un interlocutor con quien trabajar tus ideas, digamos “científico-técnico-sanitario-humanisticas”. No tienes alguien que te recomiende un buen libro de microbiología donde puedes basarte para revisar los resultados del estudio toxicológico del agua de rio tras la contaminación petrolera. No tienes con quien comparar las conversaciones y casos que has ido encontrado con lo que esa persona encuentra en su día a día, ni las diferentes soluciones que cada uno desarrolló. No tienes a quién quejarte de lo que has visto en una posta de salud y que te conteste “estás equivocada, hicieron lo que debían hacer” (equivocarse sirve para aprender, pero solo si tienes alguien que te señala el error y te indica las alternativas correctas). No tienes quien te diga “si lo que quieres es hacer xxx léete a yyy, es EL referente”… así que solo te queda buscar en internet 😦

Por eso encontrar eventos como el Seminario de Innovación en Atención Primaria (SIAP) de Juan Gervas y Mercedes Pérez y el 5º Congreso Iberoamericano de Medicina Familiar y Comunitaria son una total y absoluta fuente de felicidad.

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Encontrar gente que desde la medicina sueñan, crean, construyen y dudan sobre los mismos temas que tú (aunque estén llegando a ellos desde la clínica y tú desde la vivencia en terreno) es encontrar un oasis en el que poder respirar. Respirar del miedo, de la duda, de la soledad…

Siempre me ha atraído la gente inteligente. No puedo evitarlo. Gente que lee, gente que escribe, gente que (se) hace preguntas, gente que se arriesga a dar respuestas… soy como una polilla atraída por la llama, no puedo evitar acercarme a ellos. Y estos días en Lima, en estos dos eventos, no he parado de hacerlo. Mirase donde mirase, encontraba alguien que me daba El dato, me hacia LA pregunta o me daba LA respuesta que obligaba a mi cabeza a revisar todo lo que sabia, a replantearse (y eliminar) mil y un prejuicios disfrazados de “conocimiento”, a olvidar/desaprender/reformular ideas hasta que me ha explotado la cabeza.

He sido muy feliz. Escuchando a gente hablar de la atención al paciente, de las relaciones con éste en un nuevo entorno, de la interculturalidad, del duelo, de género, de política, de ciencia, de medicina pura y dura… He sido muy feliz sintiéndome escuchada, entendida, apoyada, pudiendo compartir experiencias con otros que, a pesar de la distancia y las diferencias, se encuentran en la misma situación. Y eso es de agradecer.

Porque gente como Sofia, Zoila, Rosa, Juan, Mercedes, Verónica, Tita, Camilo, Sergio, Mónica, Carmen, Yuri, Maira, Iona, Victor, Viviana, Marcela, Miguel, Gustavo, Virginia, Yasmin, etc. no la encuentras todos los días, pero cuando los encuentras sabes que no los quieres perder.

Este es un post de agradecimiento. Por lo compartido, por las risas, por los datos, por las respuestas, por las preguntas, por las correcciones, por las recomendaciones, por la información, por la motivación… por todo ello…

gracias

 

 

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