Salud Pública y Gestión

Health and health inequalities tell us a great deal about the good or bad effects of social policies. Michael Marmot

Sobre mi

Bioquímica. Cooperante. MSc Biotecnología. MSc Salud Pública Internacional.

Nacida en el norte de Perú y criada en Madrid (España), soy migrante desde los dos años, hija de enfermera nacida en Marruecos que emigró a Perú para trabajar en la selva, y de sociólogo peruano que emigra a Europa cuando todavía los emigrantes eran “exóticos”.

Bióloga de bata (bioquímica para ser más concretos), científica de vocación, he trabajado casi diez años como consultora para farmacéuticas, administraciones públicas, hospitales, fundaciones, empresas biotecnológicas, y durante casi una década he enseñado pero sobre todo aprendido: cómo eran las cosas (en el escenario pero también “en la parte de atrás”); cómo quería que fueran y cómo nunca deberían ser.

Viajera por herencia familiar, he sido afortunada. He podido trabajar en Malawi, España, Brasil y Perú. Y en todos estos países he aprendido lo importante que es para las comunidades (rurales, urbanas, nativas o mestizas) sentirse respetados en sus decisiones, en su enfoque cultural, en su visión de la salud.

Actualmente llevo dos años trabajando en Perú, dónde he descubierto un país maravilloso lleno de retos para la salud pública. Centrada en mi trabajo como asesora de diversas federaciones indígenas para temas de salud, he tenido que hacer un ejercicio importante de apertura de mente ante otras formas de ver la salud, otras formas de tratar al paciente, otros valores. Pero también, como científica, he tenido que aprender cuales son mis límites, qué forma de atención es la que yo defiendo, cuales son mis “líneas rojas” y qué aspectos del sistema sanitario “occidental” defiendo a capa y espada.

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Trabajo con poblaciones nativas que hasta hace relativamente poco ni siquiera eran consideradas ciudadanos, que han sido discriminados, maltratados, e incluso en algunos casos esclavizados (y no hablo de hace cien años). Pueblos que han visto sus tierras invadidas, contaminadas con derrames de petróleo; pueblos que no son consultados y cuya opinión y participación activa en la toma de decisiones se queda en lo anecdótico. Pueblos a los que se les implica en proyectos de los que sus dirigentes no tienen conocimiento y sobre los que no se les da ningún tipo de control o capacidad de supervisión.

Pueblos que a pesar de todo ello siguen queriendo sentarse a la mesa con las administraciones sanitarias y trabajar en equipo, pues ellos sí tienen claro que se necesitan mutuamente. Pueblos que presentan propuestas, como el Plan de Salud Integral e Intercultural recientemente aprobado por el Ministerio de Salud del Perú, en el que estamos trabajando en la actualidad y en el que esperamos no se repita el error ya cometido con anteriores planes, de llevarlo adelante sin la participación activa de los dirigentes indígenas. Y es que en un país como Perú, con 55 pueblos indígenas registrados (51 en la Amazonía y 4 en la región andina) y 19 familias etnolingüísticas, el “todo para el pueblo pero sin el pueblo” ya no sirve, y el enfoque intercultural se vuelve imprescindible, más aun en lo que a salud se refiere.

En eso estamos ¡ojalá lo logremos!

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